SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

jueves, 2 de julio de 2015

LA SOMBRA

Pensaba que ya no debía dilatar más su agonía. Es injusto y cruel. -Dijo aquella mujer encaramándose a un banquito de la cocina para separar algunas cacerolas y, tras ellas, una alcancía de barro. La sopesó y sonrió, la bajó con regusto y cuidado para posteriormente depositarla en la mesa. Tenía calor, abrió la ventana y subió la persiana para más tarde extraer de la nevera una botella de tinto y una gaseosa, se sirvió un generoso vaso y se sentó a mirar la alcancía. -Dicen que no se debe hablar sola pero todos lo hacemos en alguna ocasión. Acarició la hucha que tenía forma de cerdito y donde había estado depositando monedas de 2 euros desde hacía más de 3 años. Estaba pensando la manera de romperla porque ese rito es muy importante para todos, se puede recurrir a estrellarla por los suelos pero es una forma grosera y poco elegante; colocarla en la jamba del portón y cerrarlo de un golpe, ese método demostraría cultura o el método preferido, arrearle un martillazo justo en el lomo al cerdito y que las monedas se desparramasen por la mesa junto a los trozos de barro. Sí, elegiría ése, le gustaba. Se levantó, bajó al trastero y se hizo con una machota de albañil mohosa y pesada. No subiría en ascensor, lo haría caminando, gozando con el golpe que le daría al cerdito, sonreía mientras ascendía los cuatros pisos. Cuando llegó a su rellano, jadeante, comprobó que había olvidado cerrar la puerta de su piso y que una sombra se introducía sigilosamente en el ascensor. Se le demudó la cara, no podía creérselo pero aún así corrió hacia la cocina y, efectivamente, la alcancía ya no estaba allí.

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