SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

jueves, 15 de septiembre de 2011

TAXI MADRID SPAIN


Peggy S. Stewart todavía recordaba al chico pelirrojo que tras comprarle una lata de Dr. Pepper y palomitas, la acomodó en los asientos traseros del Ford Pinto de su madre durante una sesión en el cine de coches. Se llamaba Joe. Desde entonces, cada vez que ve un Ford sonríe maliciosamente y además, ese mismo chaval, es culpable de haber tenido que abandonar el instituto de Sausalito. 


Meses después tuvo a su hija Deirdre. A Peggy nunca le interesaron los vinos pero de algo tenía que vivir, así que un buen día se puso su blusa escotada y la falda planchada más corta que tenía su hermana y se presentó en la oficina de Robert Dowell Parker, Jr. Le pareció ridículo que este tipo ganase tanto dinero viajando por el mundo y luego valorando sus catas.




 En este momento volvían Mr. Parker y ella de un pueblo de Orense, llamado Valdeorras, en el taxi inglés de un tipo muy peculiar apodado Mr. Ripley El Patrón que le miraba las piernas por el espejo retrovisor, mientras ajeno, su jefe dormitaba camino de Madrid. Recordó nuevamente al chico pelirrojo y abrió suavemente las piernas.

EL CORREO DE RIPLEY


Ripley recibe en su correo una nota de Theudis que dice algo así como: te necesitamos tío, trae todo el equipo y a unas malas, incluso te pagaremos el Ave. Este detalle lo desarmó, tan tierno. Maldijo, abrió la nevera y sacó una botella de vodka Becherovka a la que dio un gran trago. 


La posibilidad de volver a participar en una cacería policial le estaba devolviendo su autoestima. Se sentó en su sillón favorito y único, pero tuvo que levantarse, al clavársele un dromedario de plástico de su nieto. Coño –dijo Ripley- lo que pinchas siendo tan chico.
Llaman a su teléfono pero no lo atiende. Los detectives de Equipo de Los Cabalistas son muy duros, una sola idea persiste en su cabeza. Theudis lo conoce bien. Ripley piensa que esta oportunidad posiblemente sea la última para entrar en el exclusivo equipo. Harto de llevarlos en su taxi de un lado para otro sin que nunca consiga intervenir en los casos.