SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

viernes, 16 de septiembre de 2011

AGENTE SECRETO EN LA MEDINA


Si algo tenía de bueno permanecer en Líbano era su costa, del resto nada bueno podía decir. Allí los habían tiroteado, su compañera sufrido un ataque de amnesia y un grupo pertenecientes a los copipegas los amenazaban, asegurando que debían pagar por sus pecados. Tampoco le agradaba que Pons pronunciase Haruk en tantas ocasiones.

Llegó el chico de los recados. Hola chaval imagino que te interesará ganarte 10 dólares. ¿10 Dólares? –Contestó. Oiga esto es Líbano,  con 10 dólares no llega usted ni al McDonald´s en autobús, con la inflación que sufrimos. Por 10 dólares me vuelvo a la esquina y sigo vendiendo marihuana. ¡Váyanse a la mierda puercos cristianos! Lamarmar y Ripley se miraron el uno al otro sin dar crédito a lo que habían oído, hasta el chaval de los recado les vacilaba en Beirut.
Ripley decidió entrar en la medina y buscar algo de comer, ella acababa de salir del hospital y él mismo sólo había ingerido un cartuchito con dátiles. No le resultó difícil, siguió al río de personas que al parecer, contra todo pronóstico avanzaba con mayor rapidez a medida que las calles se estrechaban. Cuando vio el viejo arco supo que ya estaba en la Kasbbah. Siguió andando hasta desembocar en la calle de los vendedores de pescado frito.
¿El último por favor?  -Dijo, alzando la voz, pero nadie le contestó. El pescadero, tras mirarlo le dijo. –El último es usted. Si llega otro después pues él lo será. ¿No les enseñan eso en los institutos occidentales? El último es siempre la persona que llega con posterioridad, eso lo sabe cualquiera. Y guárdese su Colt en el bolsillo que se lo puede robar cualquier muchacho. Bueno. –Acto seguido se dirigió en árabe a quienes esperaban que se friese el pescado. ¿Le sirvo al cristiano y que se vaya para que nos deje tranquilos? Todos asintieron con la cabeza y uno comentó. –Desde luego este país ya no es lo que era, estamos rodeados de agentes secretos inútiles. A todos los torpes nos lo mandan y cualquier día, con mala suerte incluso se disparan y se hacen daño esta gente. Alah sea loado y no ocurra.

Bien señor ¿dígame que se le apetece? Puede llevarse lo que tengo aquí recién frito: sargos, mojarras prietas, doncellas y boquerones o esperar un poco que mi mujer está haciendo una fritada de caballas en adobo.  Usted dirá. –Lo de las caballas me ha llegado al alma, a eso me apunto con un kilo, que frías están mucho más ricas y esos sargos tienen una pinta estupenda. –De acuerdo dijo el pescadero.

Ripley se sentía ridículo. Todos sabían que era un agente secreto y miraba al cielo de la calle cubierto de cañizos para mitigar el calor. Alguien se le acercó y le dijo. –Cuando le sirvan, diríjase a la pensión y párese en la puerta para comprar tabaco en el cafetín. Pida dos paquetes de Camel. Para desaparecer inmediatamente.


La partida continúa. No tengo la menor idea de quienes son los jugadores pero están ahí, muy cerca, observándonos y esperando que demos un paso en falso. Recogió el pescado y agradeció a los presentes permitirle comprar antes que ellos. En eso un señor mayor le dijo: -Salude a la señora Pons en nuestro nombre y, por favor, dígale que no todos los libaneses somos iguales, simplemente ha tenido mala suerte.

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