SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL ATAQUE DE LOS TEMIBLES COPIPEGAS



Lamarmar es conducida hacia la salida por un sanitario en una silla de ruedas, Ripley la acompaña con una bolsa de papel en la mano. Ambos salen muy serios. Ella no comprende nada y él  menos, pero la experiencia le dicta que pisan terrenos resbaladizos, se siente vigilado, observado en cada movimiento que realiza. De haber querido atentar contra él o ellos lo podían haber hecho en cualquier momento, luego les interesa otra cosa, desean saber algo más.

Al llegar a la altura de la calle, el sanitario ayuda a la señora Pons para que se levante y se despide de ambos con una sonrisa. En ese preciso momento comienza el tiroteo. Ripley cubre a Lamarmar y la obliga a echarse al suelo, saca su colt y procuran escudarse del ataque tras una columna. Una furgoneta arranca precipitadamente arrojando octavillas por la calle. Ráfagas de ametralladora rompen la mañana de Beirut.



Qué ha pasado Ripley –Pregunta Lamarmar. Solo ha sido un aviso, no han querido eliminarnos y hubieran podido hacerlo fácilmente, he memorizado la matrícula pero debe tratarse de un vehículo robado, de todos modos pediré a la central que lo compruebe. Ripley tecleó en su Blackberry los datos de la furgoneta que los había tiroteado para inmediatamente decir. Está claro que no podemos volver al hotel. Tomaremos un taxi y buscaremos una pensión, esos lugares no los frecuentan los occidentales y podremos esquivarlos al menos durante 24 horas. ¿Estás lista para eso Lamarmar? –Ella asintió con la cabeza mientras se levantaba del suelo.
El agente dejó pasar a varios taxis y cuando lo consideró oportuno lo paró. Se trataba de un desvencijado Peugeot 505 conducido por una mujer musulmana. Tras subirse ella preguntó: ¿Dónde quiere que la lleve? Y  Ripley respondió: -Llévenos donde nadie decide. Sin mediar ninguna otra palabra la conductora aceleró y se perdió en el fragor del tráfico de Beirut.


 Un buen rato después se acercaban a la puerta de un edificio tiroteado y desvencijado que en su primer piso todavía mantenía el rótulo de PENSIÓN HARUK

¿Pensión Haruk?  -Murmuró Lamarmar. ¿Te recuerda algo, has oído ese nombre antes? Ella movió la cabeza para pronunciar de nuevo: Haruk, Haruk. No, no recuerdo nada Ripley, lo siento. No te preocupes Lamarmar. –Asentía su compañero.

Una vez dentro de la habitación pusieron sobre la cama una de las octavillas en hebreo. No entendían nada. Llamaron a la mujer y le pidieron que tradujese el texto. Madam Haruk sonrió y leyendo el papel les dijo: MALDITOS CRISTIANOS NO PENSÉIS QUE OS IRÉIS DEL LÍBANO SIN PAGAR POR VUESTROS PECADOS. FIRMADO: EJÉRCITO SIMBIÓTICO HEBREO.
¿Conoce a esa organización señora? -¿Qué si he oído hablar de esta gente antes? Pues sí, se trata del brazo armado de los temibles copipegas, son expertos rastreadores de todas las comunicaciones de Oriente Medio, su crueldad no tiene límites. ¿Dónde ha encontrado esta octavilla? –No se preocupe –Respondió Ripley.  Estaba tirada en el suelo y la recogí. ¿Los copipegas qué nombre tan extraño?

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