SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

martes, 20 de septiembre de 2011

LA VUELTA A MADRID


No pienses en ningún momento que nuestra vuelta pueda considerarse una deserción, un fracaso de nuestra misión. Lamarmar lo miró pensando: Este hombre cada día me desconcierta más. Y Ripley siguió hablándole. Hemos descubierto varias cosas. Beirut sabía de nosotros. Parker y Peggy se alejaron y nos abandonaron allí y eso me hace pensar si colaboran juntos. Todos esos aspavientos del catador y sus comentarios sobre su secretaria, forman parte –creo- de una ceremonia del desconcierto que organizan para que yo crea que se desprecian. Es posible que así sea, sin embargo se necesitan íntimamente el uno al otro. 


Fueron interrumpidos por la voz de la azafata. –En cumplimiento de la Organización Internacional de Vuelos  requerimos su atención. Le rogamos coloquen sus respaldos en posición vertical, se abrochen los cinturones de seguridad y coloquen la mesita convenientemente plegada sobre la espalda del asiento que tiene frente a ustedes. Le recordamos que está terminantemente prohibido fumar en el avión, esta prohibición incluye también los baños que tienen incorporados detectores de humos, caso de que incumplan esta normativa, nos veremos obligados a entregarlos a las autoridades del primer aeropuerto en que tomemos tierra. Presten atención por favor. Volamos en una aeronave A380, nuestro comandante Matías Pérez les saluda e indica que el viaje tendrá una duración de 5 horas, volaremos a una velocidad Math 0,85 o unos 900 km/h con destino Madrid.

Ripley y Pons dormían mientras la azafata se esforzaba en nombrar todas las características de la aeronave. Ella no podía ni imaginarse lo que le esperaba a pisar el aeropuerto de Barajas. Una vez más su compañero no la había advertido de nada.

La Ford Transit del Convento de  las Adoratrices de San Blas se encontraba aparcada en doble fila, junto a las interminables filas de taxis. Al volante, como siempre, estaba Sor Agustina del Niño Jesús de Praga Crecidito y, en la acera, una novicia haitiana que llevaba en cada mano las fotos de Lamarmar y Ripley. El policía municipal se acercó a la ventanilla de la furgoneta y se dirigió a la monja: -Oiga hermanita, retire esto de aquí inmediatamente. No quiero empezar el turno multando a unas monjas. Háganme el favor, circule. –Pero hermano –Replicó Sor Agustina- es que recibimos al Visitador de nuestra Orden, el muy reverendo Padre don Alberto Ripley, acompañado de nuestra hermana Sor Angustias de la Cruz Envainada, procedentes de Tierras casi Santas. -Como si vienen del mismísimo Séptimo Cielo hermana. ¿No ve que si consiento que su furgoneta se estaciones aquí tengo que permitir que lo haga el resto de Madrid? Circule. Circule por favor.

En ese momento llega la novicia haitiana y le muestra las fotos. ¿Qué dice esta monja hermana? –Le enseña las fotografías del Padre fundador y la monjita que le acompaña. Es haitiana sabe usted. Todavía no habla español y está muy contenta con la idea que nos visiten. Bah, monjas. –Dijo el policía. O te piden dinero o te piden favores. No me quiero jugar el puesto que Gallardón es del PP y le gusta más una monja y un cura que a un tonto un látigo de cuatro puntas. Me voy.

Una de las puertas electrónicas de la T4 se abría para dar paso a los peregrinos. La monja haitiana le arranca la maleta que Ripley lleva en su mano derecha y le besa la mano mientras se arrodilla. Lamarmar contempla la escena y no da crédito a lo que ven sus ojos. ¿Te has dado cuenta Ripley que una monja negra se te ha arrodillado y te besa la mano? Sí, Lamarmar, me doy perfecta cuenta y no sé si salir huyendo de aquí o pedir auxilio. La voz de un guardia municipal lo sacó de aquel complicado momento. –Oigan, sí, ustedes, suban a la furgoneta que le están esperando los de su convento. Dense prisa por favor que menudo atasco me están provocando. Eah hermana, ya estará contenta, circule, circule.

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