SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

domingo, 23 de octubre de 2011

LA FUNCIONARIA INTERINA

La furgoneta circulaba a toda velocidad en dirección a una finca en Benaocaz, en la provincia de Cádiz, propiedad de una empresa tapadera de Damián Muñoz, conocido como el recalificador de Marbella. Los secuestradores permanecían callados y expectantes, habían tenido la precaución de haber robado previamente una motocicleta BMW 1200 cc y subir a ella a un motorista avezado, encargado de abrir camino y comprobar si en algún momento un inoportuno control de carreteras les podía cortar el paso.

En buenas me ha metido este galés imbécil. –Pensaba la funcionaria de Hacienda, enfundada la cabeza con una bolsa negra de las que se usan para guardar el pan y uno de sus propios calcetines en la boca, tapada con esparadrapo, arrojada al suelo del vehículo y atada con bridas de electricista a Ripley, también encapuchado pero con peor suerte ya que le habían golpeado y pateado hasta dejarlo sin sentido. La furgoneta llevaba un andamio, latas y productos de pintura y a los secuestrados cubiertos por una lona muy sucia.

El jefe se fijó en el motorista que se había parado y mantenía un brazo en alto. Algo estaba pasando. –Para Carlo -ordena el mafioso- que Umberto nos está indicando que ocurre algo, no quiero complicaciones. ¿Se compraron nuevas tarjetas para los móviles? Asintieron sus hombres con la cabeza y sacaron sus subfusiles por si eran necesarios. –No quiero enfrentamientos si no son necesarios.

La joven funcionaria sollozaba casi imperceptiblemente pero el silencio era tal en la furgoneta que se percibía incluso mejor que el motor encendido al ralentí. –Que poco me gusta tener que vérmelas con mujeres en estos asuntos, sus reacciones son impredecibles, seguro que nos complica la vida. Abrid alguna lata de disolvente, si hay perros, servirá para despistarlos.

El motorista les indicó algo y el vehículo reinició la marcha lentamente. Estaban en el final de la zonas curvas desde Ubrique a Benaocaz, ya habían pasado la gran curva cerrada a izquierdas y ahora, se enfrentaban a un repecho fuerte con curva a derechas, pasado éste, ya se divisaría el pueblo y a su vez, era el único lugar donde la carretera permitía instalar un control. A veces hay que jugársela. Andiamo Carlo. –Dijo Marco Ferrara. Efectivamente la Guardia Civil estaba allí efectuando controles de alcoholemia o eso parecía. -Circula muy despacio. El mafioso sacó la cabeza y saludó a los guardias y éstos le respondieron. Estoy deseando llegar a la finca, en poco más de un kilómetro te indicaré un carril a la izquierda, está señalizado como Los Chozos y una vez allí, en mulos hasta donde tenemos preparado el zulo.

Bien, ya estamos aquí. Vosotros dos seguid hasta Ronda y dejáis la furgoneta en el garaje de su propietario y os volvéis en la moto. ¿Lleváis dos cascos? –Asintieron. Andiamo entonces.

¿Qué hacemos con la chica jefe? –Maldita sea, la chica otra vez. Dejadme pensar. Tirad a Ripley al zulo sin miramientos y veamos qué le ha confesado a la mujer de Hacienda, nos jugamos mucho en esta declaración que es del todo rarísima.

-Traédmela a la leñera y organizar las guardias. No olvidéis que en la serranía los teléfonos móviles funcionan muy mall, llevaos vuestros walkies que no tienen más autonomía de un par de kilómetros. Decidle a los guardeses que procuren que nada se salga de lo normal, se supone que tenemos víveres y vehículos. Estamos a la espera de las decisiones de Nápoles. –Dicho esto, se dirigió al altillo para esperan a la mujer.

La chica estaba aterrada, no comprendía nada, jamás se había imaginado que sería protagonista de un secuestro sin tener más mínima noción de las razones. El maldito inglés le había complicado la vida y aquella gente, no se andaban con contemplaciones, algo querían de ella. Se encontraba en un problema, aquellos la llevaban para ser interrogada y no podía contar nada porque simplemente no sabía nada. No saber nada suponía la peor de las coartadas para quienes están ávidos de saber. Uno de los secuestradores le decía: -Suba señorita por esta escalera, tenga cuidado. La hacían subir por una escalera de mano hasta un trampilla situada en la buhardilla, que se usaba para guardar el grano para las bestias, las patatas, y cualquier otra cosa que se usase solo en temporadas.

¿Cómo se llama usted? –Dijo la voz. Ella no sabía si responder o callarse. –Le he dicho que cómo se llama usted. –Marisa Pesquera Molino, me llamo Marisa. –Muy bien. Eso es cierto porque lo he comprobado con su tarjeta de identidad. Vamos bien. ¿De qué conoce a Ripley? -¿El inglés o galés o británico dice usted? –Eso lo sabrá usted Marisa. –Mire cuando le pedí su documento de identidad ponía que se llamaba Ripley, del nombre de pila no me acuerdo. –Mire señorita, no me haga usted enfadar que la estamos tratando de forma exquisita, pero si insiste en no contarnos nada, llamaré a uno de mis hombres y le aseguro que lo recordará toda su vida. –No, no. Estoy diciendo la verdad. Ese hombre me tocó por sorteo de la máquina expendedora de mesas y me dijo que quería pagar y subirse en IVA por unos ingresos que tenía de medio millón de dólares. Le pregunté el origen de los mismos y me dijo que eran de trabajo, entonces yo le dije que las cantidades percibidas por rendimientos del trabajo no imputan IVA sino que se controlan por el I.R.P.F. pero no me hacía caso. -¡Cállese, no me mienta! ¿Me toma por tonto? –No señor. Por favor hágame caso, no se nada de este asunto, estaba tratando de convencer a Ripley, al inglés ése que ha venido conmigo en la furgoneta que eso no podía ser. Mire, yo no tengo nada que ver con este asunto, soy una funcionaria interina, por favor no me hagan daño. Estoy sustituyendo a una chica en período de maternidad. No he visto a ese hombre en mi vida, si lo hubiese visto se lo diría, no puedo contarle nada más simplemente porque no lo se.

Se apartan de la chica y comentan entre los dos hombres: ¿Y si está la diciendo la verdad jefe? –Opina Carlo. He estado presente en muchos interrogatorios y esta mujer por el escaso tiempo que ha estado con Ripley puede saber muy poco, además es verdad que la atención personalizada antes el Fisco es aleatoria, es un ordenador quien reparte las mesas. Desde el punto de vista estadístico tiene todos los visos de que sea cierto todo lo que nos dice. Sí, efectivamente, le contesta Marco Ferrara. Estoy de acuerdo contigo pero qué podemos hacer con ella ahora, la hemos secuestrado, tenemos a la policía a los carabinieris españoles buscándonos, que posiblemente ya habrán avisado a la Interpol. No puedo liberarla ni tampoco mancharme las manos de sangre, eso empeoraría nuestra situación, déjame pensar.

Jefe. Tengo a Nápoles en el ordenador. -¿Es segura la conexión? Puedo asegurarlo, no admite rastreos, lo estoy haciendo a través de una tarjeta satélite que usa frecuencias asiáticas, en el caso que nos pudiesen localizar, buscarían en el desierto de los Emiratos Árabes Unidos. Marco se dispuso a dictarle a su segundo. –Escribe: Gato en saco, gatita presumida irse azotea. Manden pájaro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario