Ripley se enfrentó a la máquina expendedora de números en la oficina de Hacienda, ésta le solicitó su NIF, no lo recordaba, buscó en su billetero y fue introduciendo los datos pedidos, posteriormente tuvo que seleccionar el motivo de su consulta entre las siguientes opciones: pago fraccionado del IVA; devolución de años anteriores; compra de impresos fiscales y atención personalizada. Presionó en la última e inmediatamente un trozo de papel salía de la expendedora con algo escrito. Lo miró y comprobó que ponía D56 y muy pequeño, justo abajo, para eso tuvo que ponerse las gafas de cerca, una advertencia: Los números no son correlativos, esté atento a las pantallas y diríjase a la mesa que le corresponda en el momento que su número aparezca en la pantalla central.
A Ripley le pareció que España había realizado un gran salto cualitativo y cuantitativo en su progreso, pero muy especialmente en el burocrático, recordaba sus primeros viajes en su taxi cuando el funcionario siempre te recibía detrás de una ventanilla, todo estaba lleno de mostradores y largas colas, las paredes muy mal pintadas, si lo estaban y la distribución absolutamente destartalada. Todo eso había desaparecido, ahora las oficinas estaban perfectamente diseñadas, eran diáfanas, los contribuyentes tenían cómodos asientos para la espera que no era muy larga y los funcionarios trataban de atender al público con presteza y profesionalidad.
Allí se encontraba, sentado, rodeado de 6 o 7 contribuyentes, esperando ser llamado para que le atendiesen en su consulta.
La funcionaria podría rondar los treinta años, vestía camisa blanca, pecho prominente y pantalones vaqueros, el pelo largo recogido en una cinta y gafas de Dolce & Gabbana. Ella solicitó el D.N.I. de Ripley y tras leerlo le dijo: Usted dirá. –Pues mire señorita, aunque soy galés vivo en España más de 6 meses al año y gracias a los acuerdos de la Unión Europeas, puedo decidir dónde pagar mis impuestos, si mira en mis datos verá que tributo aquí desde hace varios. Resulta que trabajando he recibido unos ingresos importantes… ¿De actividades industriales o rentas del trabajo? –Interrumpió la funcionaria. Rentas del trabajo. La chica jugueteaba con su boli golpeando sobre la mesa, intranquila, ya que veía que sus compañeros despachaban a los contribuyentes a mayor velocidad que ella y luego, el jefe de servicio mostraba en un powerpoint las estadísticas de cada mesa. Estaba atacada, cómo iba a ser lo mismo recibir unos impresos de IVA, comprobar el DNI de quien lo presenta, ponerles un sello y devolver dos copias que atender consultas personalizadas, eso era injusto. –Abrevie que tengo a otras personas que están esperando Señor Ripley, por favor. –Pues mire, que estoy agradecido a España y quiero cotizar el IVA más alto. –Eso es imposible. ¿A qué partido pertenece usted? –Al Partido Conservador naturalmente, el equivalente del Partido Popular aquí. Lo ve –Dijo ella. Es usted un quintacolumnista oiga. Si su partido propugna bajar los impuestos y usted aparece por aquí para subirlos, produce un descalabro en la filosofía fiscal de su formación política ¿no lo comprende? Pero es que yo he cobrado 500,000 dólares, unos 350,000 euros y como las cosas están mal en España quiero pagar IVA. –Oiga que las rentas del trabajo no tributan para el Impuesto de Valor Añadido, si quiere puede subirse sus cotizaciones del I.R.P.F. eso nadie se lo discute, pero le advierte que si Berta, me refiero a nuestra computadora central de Hacienda en Madrid, lo detectará y tendremos que llamarlo para hacerle una paralela y le molestaremos, hágame caso, deje el mundo como está.
Fuera, cuatro individuos se bajaron de un furgoneta Hiundai y disparando entraron en la oficina de Hacienda. Llevaban puestas caretas de Rajoy y disparaban sus metralletas mientras gritaban que todos se tirasen al suelo. Al final localizaron a Ripley. –Atrapadle. Gritó el que parecía el jefe. –Asqueroso, venir a Hacienda y pretender denunciarnos a todos, te vas a enterar de lo que es una traición para la Cosa Nostra. ¿Habéis colocado ya las bombas? –Sí, jefe.
Bien, escuchen todos, en un minuto salgan de aquí rápidamente porque en 5 minutos volará todo el edificio. Háganme caso, no es una broma. Y tú, traidor vente con nosotros que te daremos lo que te mereces. ¿Quién es esta chica? Se dirigió a Ripley. –Es la funcionaria, le estaba explicando. -Traedla con nosotros, no quiero testigos.
Fuera, un policía municipal estaba multando a la furgoneta por estacionamiento indebido. El conductor colérico y con su careta de Rajoy le mostraba su ametralladora, pero el policía muy tranquilo le decía: -Y tiene suerte que se me ha averiado la sonda para comprobar si está contaminando. Proteste, proteste pero si no paga las pasamos a Hacienda para su cobro ejecutivo. Los secuestradores penetraron en el vehículo extrañados, no sabían si su conductor estaba detenido. El policía los miró para decirles: ¡Ah, es la segunda comparsa de Carnaval que multo hoy. Tome la denuncia y circule que se me está embotellando la calle!
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