Le costó trabajo encontrar aparcamiento cerca del Estadio Metropolitano de la Società Sportiva Calcio Nápoli pero lo consiguió. Cuando vio que no había nadie por allí se quitó su camisa negra y se enfundó la del F.C. Barcelona. Dudó sobre si sería necesario quitarse los pantalones largos que llevaba y ponerse el de deportes de la equipación blaugrana. Decidió seguir con su pantalones negros.
Una vez que se bajó del coche alquilado comenzó nuevamente a dudar si alguien se daría cuenta de su presencia pero bien equivocada que estaba. Aquello era Nápoles, donde desde todas las ventanas te siguen. Te observa el niño que va por la calle del brazo de su abuela, el repartidor del pan, la vendedora de escobas, el basurero o el interventor de la caja de ahorros, todos los ojos están siempre puestos en la calle y nadie se salva. El interventor se acercó al teléfono y marcó: -Ha llegado. ¿Qué hacemos? Permaneció unos instantes esperando instrucciones mientras la cola para cobrar las pensiones y los subsidios de desempleo cada vez se hacía más larga. Una voz le indicó que mandara una niña que la acompañase hasta la Vella Trattoria Napolitana y que pidiese fetucchinis al pesto.
Nadie podía pensar que en aquella trattoria hubiese un enérgumeno cuyo placer era hacer sufrir a las seguidoras del F.C. Barcelona. Lamarmar se dejó llevar por la pequeña que la dejó justo en la puerta del ristorante.
En cuanto entró, sin darse cuenta siquiera, un tipo muy alto y enjuto la tomó por la espalda y con el otro brazo tapándole la boca la introdujo en la trastienda a empujones. La obligó a arrodillarse, vuelta de espaldas mientras le decía armado con una navaja de grandes dimensiones: No me mires putana del Barcelona. ¿Cómo has sabido que me gustan las mujeres con pantalones negros largos y camisetas culés? Ahora te daré culé. Agacha la cabeza. Muy excitado, le cortó con su afilada navaja su pantalón de punto, la empujó contra unas cajas vacías de cerveza y de dos patadas le separó las piernas y la penetró por retaguardia con toda su furia de hincha del Nàpoli. Lástima que su corazón se viese resentido por ello.
El mafioso se arrastró de rodillas buscando la puerta, pero no esperaba que Lamarmar, todavía con sus pantalones bajados y sangrando, sacase su Smith & Wesson y le descerrajara 4 tiros en la cabeza y le introdujera un billete de 10 libras en la boca. Pons, maldiciendo buscó la salida y sobre una mesa que utilizaban para juegos de naipes vio una bandera del Nápoles, la cogió para su colección de delantales.
Llegó bastante afectada hasta el Fiat Punto y arrancó para irse de allí inmediatamente. Estuvo mirando lugares para alojarse y se decidió por el Hotel Piazza Napoli. Desconocía que muy cerca de allí, en Villa Positano, se estaba celebrando una importante reunión que posiblemente podría modificar gravemente el devenir futbolístico internacional.
Miradona, Telé y Platinin y el Capo di Capi Don Umberto Firaldi, tenían la muy complicada misión de conseguir que la Selección Nacional de Fútbol de Mongolia, que en su partido eliminatorio con China, jugado en Peking habían vencido por el abultado tanteo de 0-3, se dejase sobornar. Intervino Miradona: -Pues no me parecé tan complicado che, Mongolia no es nadie en la cancha, es una desconocida del balón mundial. Dejáme que me encargue de armar esta boludez, no mas acerque los billetes verdes al mongoleo los tengo comiendo de mis manos. El Capo le calló. –No admito acercamientos poco precisos para esta tarea. No me puedo jugar mi prestigio personal que viene de Langley y de Roma. Quiero que cuando ese partido comience tengamos la absoluta certeza que China pasará la eliminatoria. Telé intervino. –Eso en futbol es casi imposible don Umberto, una vez que corre el balón todo puede pasar. Para ser interrumpido nuevamente por el Capo que sentenció. –Ese partido deberá ser ganado por China aunque sea necesario que volemos el avión de Mongolia con todos sus jugadores dentro y a pesar de ello, no tenemos certeza que los chinos sean capaces de superar un 0-3, si se cierran atrás, el proyecto se hace casi imposible. A Platinin, al parecer no le interesaba el asunto.
Lamarmar llamó a Ripley pero éste no le cogía el teléfono. Como era habitual en él tenía arrinconada en el cuarto de baño a la asistenta.
Un sicario muy joven entra a informar al capo al oído. Éste se levanta y mirando hacia la mar desde su villa dice: -un chulo de poca monta ha sido encontrado en la Trattoria Napolitana con 4 orificios de bala y los pantalones bajados. ¿Alguien sabe algo de esto?
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