SI ALGUNA VEZ ENTRA EN UN TAXI INGLÉS MIRE LA CARA DEL CONDUCTOR Y SI ES RIPLEY NO LO TOME

viernes, 23 de septiembre de 2011

ENGRASANDO ARMAS PARA UNA BODA



La monja haitiana llamó a la puerta con una bolsa de basura en la mano izquierda que colocó sobre la cama deshecha y se retiró. Pons miró en su interior con un par de dedos para no mancharse y solo vio un saco vació. –Vaya gente rara que son las monjas. Lo mismo están engrasando pistolas que aparecen silenciosamente con un saco como si fuese la octava maravilla del mundo.

La hermana superiora se hizo la encontradiza con Pons y se dirigió a ella. –Veo que ya ha recibido su traje para la boda. –Pues no hermana, vino la monja de Haití y dejó un saco sobre mi cama pero aparte de eso nada más. La superiora abrió los brazos para decir: -Hija mía, ése es su vestido para la boda. –Oiga, piensa casarme vestida con un saco. –Es que somos monjas. Para nosotras el mundo no tiene validez, nos entregamos a la experimentación y la búsqueda de los ocho círculos concéntricos del amor. Lugar donde estamos en paz con dios y con Hacienda. Lamarmar la interrumpió. –Me parece muy bien. Me da lo mismo ocho que ochenta pero qué pinto yo en esta comedia.

La cara de la superiora se transmutó. –Mire si usted es una agente acción yo lo soy de oración, pero no olvide que soy su superiora y acatará mis órdenes, de modo que su vestido será un saco y su luna de miel, engrasar pistolas en la cocina como todas. ¿He hablado claro?

Resignada, se dirigió a la habitación y tras pedir unas tijeras propinó tres cortes al saco. En ese momento, la haitiana la tomó de la mano y en el salón la esperaban la superiora y Ripley. El portátil estaba en Skype. –Gracias por acudir tan rápidamente hermana. –Saludó la monja. Mi primo está a punto de llegar para celebrar la ceremonia que yo presidiré, dada la premura de tiempo que nos acucia. Bien, aquí está. Giuseppe'm tuo cugino Edvige e qui è Miss Lamarmar molto felice di sposarti. Uniformi guida il suo folle.

Dígale cualquier cosa querida. Hola. Dijo Lamarmar. Para inmediatamente contestarle el primo: Ciao il mio nome è Giuseppe Lamar e sono molto felice di sposarti. Sono già fuori delle Guardie Svizzere di Sua Santità il Papa. E 'un peccato non è possibile modificare la guardia ad essere presente al nostro matrimonio. In ogni caso, Skype è anche un buon modo. Ho vestito la divisa di dare solennità all'atto.

Qué detalle el haberse vestido con su uniforme de gala dijo Ripley. La monja se dirigió a la minicámara y dijo en italiano: Giuseppe è con tutta la forza del vostro ugello Guardie svizzere e la potenza del vostro denaro risparmiato nel Banco Ambrosiano di Lamarmar. Giuseppe contestó. Sì voglio sposare, anzi, hanno bisogno di sposarsi e presto o mettermi in prigione domani.

Y tú Lamarmar, consientes en casarte con Giuseppe. A Lamarmar no le salía la voz del cuerpo, así que respondió Ripley por ella: Está muy contenta, toda su vida añoró casarse con un cabo de la Guardia Suiza de su Santidad el Papa. Vamos que la emoción la embarga y dice que sí.

La foto, hay que hacer una fotografía de este momento tan tierno. Hermana que salgamos todos muy bien. La novia está llorando de emoción.

Siempre dije que este Ripley es un cabronazo. Pensó Lamarmar. Y lo peor es la foto vestida con un saco de patatas, una monja y el capullo éste a mi lado. Me estoy cargando mi reputación.

martes, 20 de septiembre de 2011

CUANDO LA COSA SE COMPLICA

La cosa se nos complica Lamarmar. Como sabes a esta gente se le ha encargado la misión del lavado y planchado de los calzoncillos de Su Santidad y andan como locas. De no haber sido así, seguro que habríamos podido esconderte en el convento sin otras preocupaciones por el momento, pero entiendo que esta asignación de Roma nos viene bien ya que con los calzoncillos puedo viajar yo para custodiarlos. ¿Y qué pinto yo aquí Ripley? –Dijo Lamarmar cabreada. No pensarás dejarme aquí con las beatas, soy una agente de acción como tu. Por supuesto Lamarmar –Ni lo dudes. Se me está ocurriendo una idea que quizás podría resolver este asunto. Pons lo mira con desconfianza. Momento que Ripley aprovecha para decirle: ¿Recuerdas que poco antes de la sesión capitular de anoche, la madre superiora me estuvo hablando un breve rato sobre el Vaticano? -Pues no. No puedo recordarlo ya que no estaba presente. –Da lo mismo. Resulta que la superiora tiene a un primo que es cabo de la Guardia Suiza en el Vaticano. -¿Y eso en qué me incumbe a mi? –Podría ser tu salvación Lamarmar. ¿Me mandas al Vaticano? Pero por muy breve lapso de tiempo. Te vamos a casar con él.
Lamarmar Pons no podía creerse lo que la compañía le estaba proponiendo. Un casamiento con un Guardia Suizo. Vaya un destino para una agente de acción como ella. En eso llega la madre superiora y la interpela. –Hermana, por su cara veo que no está muy convencida de mi propuesta, pero si me lo permite se la explicaré. Mi primo, el cabo, es soltero y tiene 62 años, es un alma de dios, una persona muy bondadosa y amante de las criaturas del Señor más desvalidas. Debido a ello se ve actualmente en una situación, digamos, complicada para él y también para todos. Los enemigos de la fe, el Maligno personificado en el diario La Stampa, lo acusan de pederastia. Nos vemos entonces, querida hermana Lamarmar, en la sagrada obligación de rescatarlo y salvarlo. No negaré que al pertenecer a mi familia tengo también una motivación personal en la resolución de su problemática. La miro, hermana, y veo que no comprende qué le pedimos. –No entiendo nada hermana. Comprenda que ayudar a alguien es comprensible, pero de eso a casarse con él va un trecho. Por supuesto, hija mía, por supuesto. –Dijo la superiora sonriendo.
Lamarmar miró a Ripley que fumaba en la esquina del jardín del chalet-convento y comprendió que nada la salvaría de casarse con el guardia suizo.
En la cocina, las monjas del Convento de la Luz Convergente en las Nevadas Montañas de Jesucristo Redentor, desmontaban y engrasaban varias pistolas y un fusil de asalto Kalashnikov. Sus manos estaban bien adiestradas para ello. La hermana portera las acompañaba mientras rezaban el Vía Crucis: “Mater Amabilis. Ora pro nobis. Mater Admirabilis. Ora pro nobis. Mater Inviolata…”
Me casan, esta gente me casan, murmuraba Pons mientras daba pataditas a una lata de Coca-Cola Light.

¿QUIENES SON ESAS MONJITAS RIPLEY?

¿Quiénes son estas monjas Ripley? Qué quieren de nosotros. Calla –Murmuró él. Pues sí hermanas, estamos muy contentos de pasar estos ejercicios espirituales en su convento. El Arzobispo se encuentra muy complacido por la labor que realizan. La monja, muy sonriente le contestó. No sabe usted lo felices que nos hacen con esa confianza con que su eminencia reverendísima, Dios esté a su lado y sea bendecido nos depara, Replica la hermana conductora. Este año de crisis terrible para todos, inesperadamente, nos hemos visto beneficiadas con unacocina nueva y esta furgoneta Transit, que nos sirve para los repartos de tocino de cielo y los recados de la casa. Por cierto reverendo padre, podemos conocer cuánto tiempo tienen planeado convivir con nosotros. Ripley no sabía qué responder. Lamarmar lo miraba y se reía. –Calculo que un máximo de un par de semanas hermana, suficiente para hacerme cargo de la problemática de la comunidad, sus deseos y necesidades y también, claro está, familiarizarme con el día a día de una institución tan particular como la que llevan a cabo. Por la respuesta Ponssupo que Ripley no tenía la menor idea de la prueba a la que estaban siendosometidos. Ella miraba por la ventanilla y veía como iban dejando la ciudad atrás y comenzaban a escalar la Sierra de Madrid.

LamarmarPons cada vez iba haciéndose una mejor idea de la personalidad del agente secreto Albert Ripley. O era un genio o un imbécil y se decantaba por lo segundo. Desde luego participar con él en cualquier acción conllevaba una dosis extra de peligro. Ahora la enclaustraba con unas monjas de las que jamás había oído hablar. Temía su papel en aquella farsa. De modo que mientras avanzaba fue recordando cómo habían desmontados sus armas para su envío a Madrid. Se sentía insegura sin ella.

El Convento de la Luz Convergente en las Nevadas Montañas de Jesucristo Redentor,resultó ser un chalet en la sierra, aunque efectivamente, era una institución religiosa.

La hermana superiora los recibió en el refectorio acompañada de 5 monjas más. Ados las conocían ya, la hermana conductora y la haitiana ¿Quéha pasado en Beirut Ripley? Díganos a que debemos de atenernos. Sus mensajes tienen muy preocupados tanto a Langley como a Londres. Qué es eso de haber sido descubiertos por los copipegas. Nuestras hermanas son expertas encontraterrorismo criptográfico y no aciertan a comprender sus informes. ¿Quétiene que decirnos? Ripley se removía en su asiento. –Miren, me he limitado acomunicar exactamente lo que ha ocurrido. Estoy tan preocupado como pueda estarla casa.

Una de las monjas saca un teléfono de su hábito y tras pronunciar unas palabras se levanta para dirigirse a donde está la hermana superiora. Ésta que se ha dado cuenta deja de prestar atención al invitado y habla con la monja. Páseme el teléfono hermana. Dice. Sí. Efectivamente, soy la superiora del Convento de la Luz Convergente. ¿Cómo. Pero me está diciendo usted que? No puedo creerlo. No sabe la alegría que nos da estanoticia. Inmediatamente lo comunicaré a la comunidad, precisamente ahora,estamos en sesión capitular. Muy bien, muchísimas gracias padre. Hermanas,reverendísimo padre. Acaban de comunicarnos formalmente que nuestro queridoconvento se encargará a partir del próximo mes del lavado y planchado de los calzoncillos del Papa. Oremos por ello hermanas.

Todas las monjas se espatarran por el suelo y rezan con fervor. Lamarmar y Ripley sequedan con la boca abierta.Ripley dice en voz baja: si esta gente se encarga de la seguridad de los agenteslo tenemos claro. Cada día entraña más peligro el espionaje.

LA VUELTA A MADRID


No pienses en ningún momento que nuestra vuelta pueda considerarse una deserción, un fracaso de nuestra misión. Lamarmar lo miró pensando: Este hombre cada día me desconcierta más. Y Ripley siguió hablándole. Hemos descubierto varias cosas. Beirut sabía de nosotros. Parker y Peggy se alejaron y nos abandonaron allí y eso me hace pensar si colaboran juntos. Todos esos aspavientos del catador y sus comentarios sobre su secretaria, forman parte –creo- de una ceremonia del desconcierto que organizan para que yo crea que se desprecian. Es posible que así sea, sin embargo se necesitan íntimamente el uno al otro. 


Fueron interrumpidos por la voz de la azafata. –En cumplimiento de la Organización Internacional de Vuelos  requerimos su atención. Le rogamos coloquen sus respaldos en posición vertical, se abrochen los cinturones de seguridad y coloquen la mesita convenientemente plegada sobre la espalda del asiento que tiene frente a ustedes. Le recordamos que está terminantemente prohibido fumar en el avión, esta prohibición incluye también los baños que tienen incorporados detectores de humos, caso de que incumplan esta normativa, nos veremos obligados a entregarlos a las autoridades del primer aeropuerto en que tomemos tierra. Presten atención por favor. Volamos en una aeronave A380, nuestro comandante Matías Pérez les saluda e indica que el viaje tendrá una duración de 5 horas, volaremos a una velocidad Math 0,85 o unos 900 km/h con destino Madrid.

Ripley y Pons dormían mientras la azafata se esforzaba en nombrar todas las características de la aeronave. Ella no podía ni imaginarse lo que le esperaba a pisar el aeropuerto de Barajas. Una vez más su compañero no la había advertido de nada.

La Ford Transit del Convento de  las Adoratrices de San Blas se encontraba aparcada en doble fila, junto a las interminables filas de taxis. Al volante, como siempre, estaba Sor Agustina del Niño Jesús de Praga Crecidito y, en la acera, una novicia haitiana que llevaba en cada mano las fotos de Lamarmar y Ripley. El policía municipal se acercó a la ventanilla de la furgoneta y se dirigió a la monja: -Oiga hermanita, retire esto de aquí inmediatamente. No quiero empezar el turno multando a unas monjas. Háganme el favor, circule. –Pero hermano –Replicó Sor Agustina- es que recibimos al Visitador de nuestra Orden, el muy reverendo Padre don Alberto Ripley, acompañado de nuestra hermana Sor Angustias de la Cruz Envainada, procedentes de Tierras casi Santas. -Como si vienen del mismísimo Séptimo Cielo hermana. ¿No ve que si consiento que su furgoneta se estaciones aquí tengo que permitir que lo haga el resto de Madrid? Circule. Circule por favor.

En ese momento llega la novicia haitiana y le muestra las fotos. ¿Qué dice esta monja hermana? –Le enseña las fotografías del Padre fundador y la monjita que le acompaña. Es haitiana sabe usted. Todavía no habla español y está muy contenta con la idea que nos visiten. Bah, monjas. –Dijo el policía. O te piden dinero o te piden favores. No me quiero jugar el puesto que Gallardón es del PP y le gusta más una monja y un cura que a un tonto un látigo de cuatro puntas. Me voy.

Una de las puertas electrónicas de la T4 se abría para dar paso a los peregrinos. La monja haitiana le arranca la maleta que Ripley lleva en su mano derecha y le besa la mano mientras se arrodilla. Lamarmar contempla la escena y no da crédito a lo que ven sus ojos. ¿Te has dado cuenta Ripley que una monja negra se te ha arrodillado y te besa la mano? Sí, Lamarmar, me doy perfecta cuenta y no sé si salir huyendo de aquí o pedir auxilio. La voz de un guardia municipal lo sacó de aquel complicado momento. –Oigan, sí, ustedes, suban a la furgoneta que le están esperando los de su convento. Dense prisa por favor que menudo atasco me están provocando. Eah hermana, ya estará contenta, circule, circule.

viernes, 16 de septiembre de 2011

UNA FORMACION DE COPIPEGAS


Una formación de copipegas, vestidos con la equipación deportiva del Real Betis Balompie, desfilaba por la avenida. Este detalle sorprendió tanto a Lamarmar como a Ripley que no entendían como supuestos nacionalistas libaneses, se vestían con atuendos deportivos de Sevilla. Haruk les aclaró este punto: No son los primeros que manifiestan esa extrañeza pero estamos en Oriente Próximo, un lugar del mundo donde todo puede ocurrir tenga o no tenga sentido. Esa ropa de jugadores de fútbol se debe a varios motivos: el club Real Betis se viste de verde y blanco, colores que figuran en nuestra bandera. El cedro verde sobre campo blanco como símbolo de bosques nevados. Un dirigente de los copipegas se casó con una sevillana de Triana, viajó a España para conocer a sus suegros y éste era un gran forofo del Betis. Cuando el líder copipega comprobó que los colores venían estupendamente para la organización, lo propuso a la célula de dirección que aprobó sin fisuras la adquisición de estas equitaciones. Ropa fresca y dura, buena para los entrenamientos y muy vistosa también, además, al comprarlos al por mayor les sale bastante barata. Y finalmente, pero no menos importante, consideraron también que adoptar estas señas de identidad, con su marketing introducido en la mayoría de los sectores de la sociedad, el Real Betis es un equipo considerado como simpático les viene muy bien. 


¿Pero cómo una organización clandestina se viste y desfila a mediodía con uniforme señora Haruk? Algo así no se comprende en Occidente. Puede que tenga razón usted Ripley, pero para explicarlo, volveré al dirigente con un suegro forofo del Real Betis. Replicó. ¿Es clandestina la organización de los copipegas? Evidentemente nadie negará eso, ni siquiera aquí en Líbano, pero en Sevilla, durante la Semana Santa, cientos de cortejos del Ku Kux Klan recorren las calles, todos van vestidos con su cara cubierta y haciendo sonar ostentosamente sus trompetas y tambores, sin embargo, ningún gobierno despótico o democrático se ha atrevido, por ahora, y dudo mucho que alguna vez se haga, a preguntar por quienes están detrás de tales organizaciones. Lejos de ello, esas manifestaciones de crueldad se han convertido en reclamos turísticos nacionales e internacionales y ayudan a la economía andaluza.

Lamarmar y Ripley se miraron perplejos, cada vez entendían menos las relaciones entre política y economía. 


Un copipega es un arma de destrucción total, ha sido entrenado para marcar un texto, una imagen, un enlace o un vídeo y colocarla sobre otro soporte en menos de 4 segundos. Pero no se queda ahí, transmite continuamente sus terribles powerpoints que amargan la vida a sus enemigos, trabajan en las cadenas de mensajes que ridiculizan a los gobiernos, inventan noticias sobre secuestros de niños, en fin, su crueldad no puede acotarse. La idea surgió en la organización, tras leer la novela 1984 de George Orwell. Interrumpió Lamarmar para decir: -Oiga sabe usted muchísimo sobre los copipegas señora Haruk. ¡Por supuesto! -Dijo orgullosa. No olvide que soy una de sus comandantes. Ahora mismo se encuentran en uno de los pisos francos. Ha sido una subordinada de mi hijo quien les trajo aquí.

AGENTE SECRETO EN LA MEDINA


Si algo tenía de bueno permanecer en Líbano era su costa, del resto nada bueno podía decir. Allí los habían tiroteado, su compañera sufrido un ataque de amnesia y un grupo pertenecientes a los copipegas los amenazaban, asegurando que debían pagar por sus pecados. Tampoco le agradaba que Pons pronunciase Haruk en tantas ocasiones.

Llegó el chico de los recados. Hola chaval imagino que te interesará ganarte 10 dólares. ¿10 Dólares? –Contestó. Oiga esto es Líbano,  con 10 dólares no llega usted ni al McDonald´s en autobús, con la inflación que sufrimos. Por 10 dólares me vuelvo a la esquina y sigo vendiendo marihuana. ¡Váyanse a la mierda puercos cristianos! Lamarmar y Ripley se miraron el uno al otro sin dar crédito a lo que habían oído, hasta el chaval de los recado les vacilaba en Beirut.
Ripley decidió entrar en la medina y buscar algo de comer, ella acababa de salir del hospital y él mismo sólo había ingerido un cartuchito con dátiles. No le resultó difícil, siguió al río de personas que al parecer, contra todo pronóstico avanzaba con mayor rapidez a medida que las calles se estrechaban. Cuando vio el viejo arco supo que ya estaba en la Kasbbah. Siguió andando hasta desembocar en la calle de los vendedores de pescado frito.
¿El último por favor?  -Dijo, alzando la voz, pero nadie le contestó. El pescadero, tras mirarlo le dijo. –El último es usted. Si llega otro después pues él lo será. ¿No les enseñan eso en los institutos occidentales? El último es siempre la persona que llega con posterioridad, eso lo sabe cualquiera. Y guárdese su Colt en el bolsillo que se lo puede robar cualquier muchacho. Bueno. –Acto seguido se dirigió en árabe a quienes esperaban que se friese el pescado. ¿Le sirvo al cristiano y que se vaya para que nos deje tranquilos? Todos asintieron con la cabeza y uno comentó. –Desde luego este país ya no es lo que era, estamos rodeados de agentes secretos inútiles. A todos los torpes nos lo mandan y cualquier día, con mala suerte incluso se disparan y se hacen daño esta gente. Alah sea loado y no ocurra.

Bien señor ¿dígame que se le apetece? Puede llevarse lo que tengo aquí recién frito: sargos, mojarras prietas, doncellas y boquerones o esperar un poco que mi mujer está haciendo una fritada de caballas en adobo.  Usted dirá. –Lo de las caballas me ha llegado al alma, a eso me apunto con un kilo, que frías están mucho más ricas y esos sargos tienen una pinta estupenda. –De acuerdo dijo el pescadero.

Ripley se sentía ridículo. Todos sabían que era un agente secreto y miraba al cielo de la calle cubierto de cañizos para mitigar el calor. Alguien se le acercó y le dijo. –Cuando le sirvan, diríjase a la pensión y párese en la puerta para comprar tabaco en el cafetín. Pida dos paquetes de Camel. Para desaparecer inmediatamente.


La partida continúa. No tengo la menor idea de quienes son los jugadores pero están ahí, muy cerca, observándonos y esperando que demos un paso en falso. Recogió el pescado y agradeció a los presentes permitirle comprar antes que ellos. En eso un señor mayor le dijo: -Salude a la señora Pons en nuestro nombre y, por favor, dígale que no todos los libaneses somos iguales, simplemente ha tenido mala suerte.

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL ATAQUE DE LOS TEMIBLES COPIPEGAS



Lamarmar es conducida hacia la salida por un sanitario en una silla de ruedas, Ripley la acompaña con una bolsa de papel en la mano. Ambos salen muy serios. Ella no comprende nada y él  menos, pero la experiencia le dicta que pisan terrenos resbaladizos, se siente vigilado, observado en cada movimiento que realiza. De haber querido atentar contra él o ellos lo podían haber hecho en cualquier momento, luego les interesa otra cosa, desean saber algo más.

Al llegar a la altura de la calle, el sanitario ayuda a la señora Pons para que se levante y se despide de ambos con una sonrisa. En ese preciso momento comienza el tiroteo. Ripley cubre a Lamarmar y la obliga a echarse al suelo, saca su colt y procuran escudarse del ataque tras una columna. Una furgoneta arranca precipitadamente arrojando octavillas por la calle. Ráfagas de ametralladora rompen la mañana de Beirut.



Qué ha pasado Ripley –Pregunta Lamarmar. Solo ha sido un aviso, no han querido eliminarnos y hubieran podido hacerlo fácilmente, he memorizado la matrícula pero debe tratarse de un vehículo robado, de todos modos pediré a la central que lo compruebe. Ripley tecleó en su Blackberry los datos de la furgoneta que los había tiroteado para inmediatamente decir. Está claro que no podemos volver al hotel. Tomaremos un taxi y buscaremos una pensión, esos lugares no los frecuentan los occidentales y podremos esquivarlos al menos durante 24 horas. ¿Estás lista para eso Lamarmar? –Ella asintió con la cabeza mientras se levantaba del suelo.
El agente dejó pasar a varios taxis y cuando lo consideró oportuno lo paró. Se trataba de un desvencijado Peugeot 505 conducido por una mujer musulmana. Tras subirse ella preguntó: ¿Dónde quiere que la lleve? Y  Ripley respondió: -Llévenos donde nadie decide. Sin mediar ninguna otra palabra la conductora aceleró y se perdió en el fragor del tráfico de Beirut.


 Un buen rato después se acercaban a la puerta de un edificio tiroteado y desvencijado que en su primer piso todavía mantenía el rótulo de PENSIÓN HARUK

¿Pensión Haruk?  -Murmuró Lamarmar. ¿Te recuerda algo, has oído ese nombre antes? Ella movió la cabeza para pronunciar de nuevo: Haruk, Haruk. No, no recuerdo nada Ripley, lo siento. No te preocupes Lamarmar. –Asentía su compañero.

Una vez dentro de la habitación pusieron sobre la cama una de las octavillas en hebreo. No entendían nada. Llamaron a la mujer y le pidieron que tradujese el texto. Madam Haruk sonrió y leyendo el papel les dijo: MALDITOS CRISTIANOS NO PENSÉIS QUE OS IRÉIS DEL LÍBANO SIN PAGAR POR VUESTROS PECADOS. FIRMADO: EJÉRCITO SIMBIÓTICO HEBREO.
¿Conoce a esa organización señora? -¿Qué si he oído hablar de esta gente antes? Pues sí, se trata del brazo armado de los temibles copipegas, son expertos rastreadores de todas las comunicaciones de Oriente Medio, su crueldad no tiene límites. ¿Dónde ha encontrado esta octavilla? –No se preocupe –Respondió Ripley.  Estaba tirada en el suelo y la recogí. ¿Los copipegas qué nombre tan extraño?